Faro Pareja

Remedios para el dolor de cuello y hombros por ansiedad relacional

Remedios para el dolor de cuello y hombros por ansiedad relacional

Esa tarde de domingo el mes pasado, mientras el sol de las cinco se colaba por las persianas de madera en Villa Morra, me quedé sentada en el borde de la cama, mirando mis pies. Mi marido se había ido a dormir la siesta sin decirme ni media palabra después de un almuerzo donde el silencio se podía cortar con el cuchillo del asado, y yo sentía que llevaba una percha de hierro clavada entre las escápulas. No era un dolor de cansancio común, era un peso que me tiraba la cabeza hacia adelante, como si el aire mismo pesara toneladas sobre mi nuca.

Cuando el cuerpo carga con lo que la boca no dice

A mediados de enero, cuando el calor de Asunción no te deja ni pensar, empecé a notar que mi cuello no se bloqueaba por estar sentada frente a la computadora en la escuela. Se bloqueaba cuando él entraba a la cocina y yo sentía que tenía que medir cada palabra para no empezar otra pelea sobre su mamá. Me pasaba horas con el cuello duro, tratando de estirar, haciendo esos círculos con la cabeza que te recomiendan en cualquier video de internet, pero nada. Cuanto más estiraba, más sentía que el músculo se defendía, poniéndose como una piedra.

Probé de todo: masajes rápidos con mis hijos apretándome los hombros, analgésicos que compraba en la farmacia de la esquina y hasta una pomada de árnica que me recomendó una vecina. Me acuerdo de estar a medianoche, con el olor penetrante de la pomada de árnica mezclándose con el aire frío del acondicionador de aire, esperando que ese frío-calor me soltara el nudo para poder dormir. Pero el nudo seguía ahí, porque la raíz no era mecánica, era relacional. Yo no soy doctora ni nada parecido, solo soy una mujer que se cansó de vivir dopada para aguantar la tensión de su propia casa.

Frasco de pomada de árnica sobre una mesa de luz de madera en penumbra

La anatomía del peso que llevamos

Aprendí, leyendo un poco y prestando atención a lo que decían en un programa de Hotmart sobre síntomas físicos que hice (aunque la mitad de los ejercicios de meditación me parecieron medio vyrorei), que el cuello es una estructura increíble. Tenemos exactamente 7 vértebras cervicales que sostienen el peso promedio de la cabeza humana adulta, que son unos 5 kilogramos. Imaginate lo que es para esos huesitos y para los músculos del trapecio cargar con esos 5 kilos, más el peso simbólico de un matrimonio que está pasando por una tormenta desde 2022.

Durante las lluvias de marzo, me di cuenta de un patrón. Estaba cocinando y escuché el tono de mensaje de mi suegra en el celular de él, que estaba sobre la mesa. Sentí un pinchazo eléctrico bajo el omóplato derecho, exacto, como un rayo que me subió hasta la base del cráneo. Mi cuerpo reaccionó antes de que yo pudiera procesar el enojo. Esa es la ansiedad relacional: el sistema nervioso simpático se activa, te pone en modo de 'lucha o huida' y los músculos se contraen para protegerte de un ataque que no es físico, pero que se siente igual de peligroso. A veces me pasaba como con la tensión en la mandíbula por estrés con mi pareja, que parece que toda la cara se te tranca junto con el cuello.

El error de estirar cuando el cuerpo tiene miedo

Aquí es donde mi experiencia se aparta de lo que leés en las revistas. Yo descubrí que estirar los músculos del cuello cuando estás en medio de una crisis de ansiedad relacional suele ser contraproducente. ¿Por qué? Porque tu cuerpo está contraído porque se siente amenazado. Si vos forzás el estiramiento, le estás mandando otra señal de agresión al músculo. El cerebro entiende que lo están tironeando y se defiende apretando más fuerte. Es un círculo vicioso que te deja peor.

Lo que me sirvió a mí fue dejar de pelear contra el dolor. Hace unas tres semanas, después de otra discusión sobre los límites en nuestra casa, sentí que el cuello se me volvía a cerrar. En vez de estirar como loca, me puse una almohadilla térmica. Esas que tienen un sistema de seguridad y se apagan solas después de 120 minutos de uso. Me acosté en el sofá, sentí el calorcito y simplemente me dije a mí misma: 'Está bien, estoy tensa porque esto que pasó me dolió'. Naming the feeling, como dicen los americanos. Al darle permiso al músculo de estar duro, paradójicamente, empezó a soltarse solo.

Almohadilla térmica sobre un sofá para aliviar la tensión muscular cervical

Remedios que nacen de la honestidad

El remedio real para mi cuello no vino de una farmacia, sino de empezar a bajar la guardia física para poder bajar la guardia emocional. Empecé a usar el calor local de forma prolongada, pero también empecé a caminar veinte minutos antes de responder a una provocación o antes de entrar en una charla difícil con mi marido. Ese movimiento suave le avisa al cuerpo que no estamos atrapados.

Si vos sentís que tu cuello es un bloque de cemento cada vez que él llega tarde o cada vez que hay un silencio pesado en la cena, prestá atención. No es solo la postura. Es esa carga que llevás por los dos. Si después de una discusión fuerte sentís que el malestar te sobrepasa, como esos temblores en el cuerpo por ansiedad después de pelear, ahí ya sabés que el cuello es solo la punta del iceberg de algo más profundo que tu sistema nervioso está gritando.

Hoy, mi dolor de cuello ya no es un enemigo que quiero borrar con una pastilla. Es como un semáforo. Cuando siento que la percha de hierro aparece, ya sé que tengo que sentarme a hablar con él, o conmigo misma, sobre lo que estamos cargando. Mi camino fue este, muy personal y a veces lento, pero cada cuerpo es un mundo. Si sentís que este peso en los hombros te está robando la vida o si el dolor ya no te deja ni moverte, por favor, considerá hablar con un profesional de la salud mental. A veces necesitamos que alguien nos ayude a bajar las valijas que no nos corresponden.

Tenga en cuenta: Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.

Artículos relacionados