Faro Pareja

Dolor de cabeza por peleas con mi esposo y cómo sentirme mejor

Dolor de cabeza por peleas con mi esposo y cómo sentirme mejor

Eran cerca de las diez de una noche de invierno cuando me senté en el patio de casa, acá en Villa Morra, tratando de que el aire fresco me apagara el incendio que sentía adentro del cráneo. Mi esposo ya se había acostado, o por lo menos eso parecía porque la luz del cuarto estaba apagada después de otra discusión por el mismo tema de siempre: mi suegra y sus comentarios sobre cómo llevamos la casa. Sentí que la cabeza me iba a estallar, una presión que me apretaba las sienes como si tuviera un casco de hierro dos talles más chico.

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Cuando el ibuprofeno ya no alcanza para el matrimonio

Durante las fiestas de fin de año pasadas, me di cuenta de que los analgésicos de 600 ya no me hacían nada. No era un problema de farmacia, era otra cosa. El dolor empezaba suave, como un aviso, justo cuando escuchaba la llave de él girando en la cerradura al volver del trabajo. Mi cuerpo se ponía en alerta roja antes de que cruzáramos la primera palabra. El dolor no era por falta de medicamentos, era por la tensión acumulada de catorce años de convivencia y esos silencios pesados que se quedan flotando en la habitación.

Me pasé meses probando esas aplicaciones de respiración genéricas que te dicen que cierres los ojos y visualices un bosque. ¡Qué bosque ni qué ocho cuartos! Yo intentaba hacer yoga en el living mientras mis hijos pre-adolescentes peleaban por el control de la tele y mi esposo me ignoraba olímpicamente desde el celular; terminé llorando de frustración porque el 'zen' no llegaba y mi cuello parecía un pedazo de quebracho. Ese fue mi primer gran error: creer que mi ansiedad era algo 'mental' que se solucionaba con pajaritos cantando, cuando mi cuerpo me estaba gritando que el problema era cómo nos estábamos hablando (o dejando de hablar).

Primer plano de una mano tensa sosteniendo una taza en una mesa de madera

El latido detrás del ojo y el olor a chipa

Hace unos tres meses, la cosa se puso más específica. Empecé a notar un latido rítmico y punzante justo detrás de mi ojo derecho. Aparecía con una puntualidad asustadora cada vez que él suspiraba con ese fastidio tan suyo durante la cena. Es un sonido que ya conozco de memoria, un aire que sale por la nariz y que para mí significa 'estás haciendo todo mal'. En ese momento, la cefalea tensional se instalaba y no me soltaba por días.

Incluso el olor a chipa recién horneada en la esquina del colegio, que suele ser mi momento favorito de la mañana, me revolvía el estómago los días que amanecía con el cuello rígido tras una pelea. Mi cuerpo estaba tan saturado que hasta los placeres más chicos de Asunción me daban rechazo. Fue en esos días cuando entendí que hay claras diferencias entre la ansiedad general y la ansiedad por pareja. Lo mío no era miedo al futuro ni estrés por el trabajo en la escuela; era una respuesta física directa a la desconexión con el hombre que duerme al lado mío.

Pensaba para mis adentros: 'No estoy enferma, solo estoy cansada de que mi cuerpo hable lo que mi boca no se anima a decir por miedo a otra pelea'. Me daba cuenta de que me guardaba las palabras para evitar el conflicto, pero esas palabras se convertían en presión intracraneal. Si te pasa que sentís que tu cuerpo se cierra, es porque quizás estás viviendo lo mismo que yo. En ese tiempo me sirvió mucho empezar por lo básico, y encontré un material que se llama Elimina los Síntomas Físicos de la Ansiedad. No es una solución mágica para el matrimonio, pero me ayudó a entender por qué mi pecho se cerraba y por qué mi cabeza latía antes de que empezara la discusión.

Vista a través de persianas de madera hacia un jardín soleado en Paraguay

El peso del pasado y el mito de la relajación

Una noche de lluvia a finales de marzo, mientras escuchaba las gotas contra las persianas de madera, me puse a pensar en cuándo empezó todo esto. Y acá es donde creo que muchas nos equivocamos al seguir consejos de revistas. Cuando mis dos hijos eran bebés, yo ya tenía estos dolores, pero los culpaba al cansancio. Hay algo que nadie te dice: las mujeres que pasamos por un posparto sabemos que el desajuste hormonal y la falta de sueño hacen que la tensión física sea incontrolable con 'técnicas de relajación' convencionales. Pedirle a una madre agotada que 'respire profundo' cuando le duele la cabeza por una pelea es casi un insulto.

En mi caso, los restos de ese agotamiento se quedaron pegados a mi sistema nervioso. Mi cuerpo aprendió a reaccionar con dolor ante cualquier roce relacional. Por eso, cuando intenté el sanar el niño interior para mejorar mi salud en pareja, entendí que mis reacciones no eran solo por lo que pasaba hoy, sino por cómo mi cuerpo recordaba la soledad de esos primeros años de crianza. A veces, el dolor de cabeza es una armadura que nos ponemos para no sentir la tristeza de estar sola estando casada.

No digo que a todas les pase igual, cada casa es un mundo, pero si vos también sentís que las apps de meditación te ponen más nerviosa, quizás es porque tu cuerpo necesita que primero valides lo que estás sintiendo en la relación, no que trates de taparlo con incienso.

Mujer sentada de espaldas en el borde de la cama buscando un momento de calma

Rastreando el síntoma para recuperar la voz

Estas últimas semanas empecé a aplicar algo distinto. En vez de tomarme el analgésico apenas sentía el pinchazo, me obligaba a nombrar el sentimiento en voz alta, aunque fuera a solas en el baño. 'Tengo rabia porque no me ayudó con la cena', o 'Me siento invisible cuando me da la espalda'. Al nombrar la emoción, el latido detrás del ojo no desaparecía de golpe, pero perdía esa fuerza que me anulaba. Es como si el sistema nervioso se diera cuenta de que ya escuché el mensaje y no necesita seguir gritando.

Empecé a caminar un poco por el barrio antes de responderle cuando sé que viene una discusión pesada. Ese movimiento físico ayudaba a que la sangre circulara y la presión en las sienes bajara. También me sirvió mucho leer sobre los síntomas de ansiedad física tras los conflictos con la suegra, porque me sacó la culpa de pensar que yo era una 'exagerada' o que tenía algo malo en la salud. Entender que mi cuerpo reaccionaba a un conflicto real fue el primer paso para dejar de sentirme una víctima de mis propios nervios.

El programa de Elimina los Síntomas Físicos de la Ansiedad fue mi punto de partida porque se enfoca en lo que sentís en el pecho y en la panza, no tanto en teorías psicológicas complicadas. Hubo partes que no pude aplicar, como lo de mantener rutinas estrictas de sueño (con dos chicos en edad escolar en Asunción eso es casi un chiste), pero lo de identificar la opresión antes de que se vuelva migraña me cambió la vida.

Calle tranquila del barrio Villa Morra en Asunción durante el atardecer

Un camino que sigue, paso a paso

Hoy no te voy a decir que ya nunca me duele la cabeza. Mentira sería. Pero ya no paso días enteros en la oscuridad con un paño frío en la frente. Ahora sé que si el dolor aparece, tengo que mirar qué está pasando en mi matrimonio y no solo en mi botiquín. He aprendido a bajar la guardia de mi cuerpo para poder, finalmente, hablar con mi esposo sin que el dolor me anule. A veces, cuando la cosa se pone muy tensa, me acuerdo de cómo quitar la opresión en el pecho por ansiedad matrimonial y me doy cuenta de que todo está conectado: la cabeza, el pecho y lo que nos decimos en la cocina.

Si vos también estás en esa etapa donde el cuerpo te está pasando la factura por los problemas de pareja, te recomiendo que te tomes en serio. No es 'solo un dolor de cabeza'. Es tu cuerpo pidiendo ayuda. Si sentís que ya probaste todo, dale una mirada al material que a mí me sirvió para empezar a entender mis síntomas físicos:

Al final, el camino de cada una es distinto. Yo comparto el mío porque me hubiera gustado que alguien me dijera hace dos años que no estaba loca, que solo estaba reaccionando a un ambiente que me dolía. Por favor, si el dolor es muy fuerte o no se va con nada, buscá un profesional de la salud mental; no tenés por qué cargar con todo esto sola en silencio.

Tenga en cuenta: Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.

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