Faro Pareja

Lo que aprendí del zumbido en los oídos por estrés en mi matrimonio

Tinnitus por estrés y ansiedad relacional: mujer con la mano en el oído en la cocina de su casa

El pitido que te taladra el oído derecho cada vez que tu marido te da la espalda en la cama podría no tener nada que ver con tus oídos. Es la pregunta que me hago cada vez que una amiga me cuenta que fue al otorrino, salió con un audiograma perfecto, y el zumbido —lo que los médicos llaman tinnitus— sigue ahí, terco, como si fuera menos un problema de oído y más un tinnitus por estrés alimentado por la ansiedad relacional de todos los días.

Antes de seguir: en este espacio vas a encontrar algún enlace de afiliación. Si en algún momento decidís mirar un programa a través de esos enlaces, yo recibo una comisión y a vos no te sale ni un guaraní más caro. Comparto solamente lo que yo misma probé cuando sentía que el cuerpo se me estaba por romper, y siempre aclaro lo mismo: esto es una experiencia de mujer a mujer, no un consejo profesional. Si sentís que no das más, buscá un profesional de la salud mental que te acompañe de verdad.

El otorrino no encuentra nada pero el zumbido sigue ahí

La creencia más instalada sobre el tinnitus es que se trata de un problema exclusivamente del oído: un tapón de cera, una infección mal curada, un nervio auditivo castigado por el ruido de la calle. Si el otorrino no encuentra nada, ahí se cierra la conversación, y a una le queda la sensación de estar inventando un ruido que nadie más escucha. Ese fue mi primer error, allá por el peor tramo con mi marido: buscar la explicación solamente puertas para adentro del oído, cuando el aviso venía de otro lado.

El zumbido como síntoma físico de la ansiedad relacional

Lo que empecé a notar, sin proponérmelo, es que el pitido no tenía el mismo volumen todos los días. Subía después de una discusión por mi suegra, bajaba en las tardes tranquilas, volvía con fuerza si me acostaba sabiendo que quedaba una conversación pendiente. Esa correlación —no el resultado del audiograma— terminó siendo la pista que valía la pena seguir. Entendí, con eso, que no era la misma ansiedad genérica de la que hablan las aplicaciones de respiración, sino algo con un gatillo puntual: la tensión de mi propia casa. Con el tiempo aprendí a leer esa señal del cuerpo antes de que se convierta en pensamiento, en lugar de esperar que el pensamiento me explique qué me estaba pasando.

El cura, la culpa, y el zumbido que no bajaba

Antes de llegar a esa lectura del cuerpo, probé lo que me pareció más obvio: hablar con el cura de la parroquia sobre lo que estaba pasando en mi matrimonio. Salí de esa charla con más culpa que claridad, con la sensación de que el problema era mío por no ser lo bastante paciente, y el zumbido, lejos de bajar, se puso peor esa misma noche. No cuento esto para decir que hablar con un cura esté mal, para otra persona puede servir muchísimo, sino porque en mi caso confirmó algo: el síntoma no se apaga con culpa ni con consejos generales, se apaga cuando una entiende qué lo dispara.

También probé, por las dudas, tapones para dormir esas noches en que el pitido no me dejaba pegar un ojo. Vyrorei total: no cambió nada, porque el ruido no venía de afuera.

Tapones para oídos junto a un vaso de agua: síntomas físicos de ansiedad relacional que no bajan de noche

Aprender a leer el cuerpo antes de tapar el ruido

Se lo conté a Delfina, mi compañera de la secretaría del colegio, un martes durante el almuerzo, y ella, que nunca le pone drama a nada, sólo me preguntó si ya había hablado con alguien además del otorrino. La pregunta se quedó dando vueltas varios días. En esas noches sin dormir, ni leer servía de nada; la falta de concentración por problemas de pareja se volvía tan aguda que perdía el hilo de cualquier página antes de terminar el primer párrafo.

Una noche, lavando los platos después de la cena mientras mi marido bañaba a los chicos, noté que podía tragar sin esa tirantez en la garganta que ya me parecía normal, fue la primera vez en mucho tiempo que se sintió suelta, sin que yo hiciera nada especial para lograrlo.

Manos tensas con un mate en un patio sombreado: bienestar emocional y ansiedad relacional en el cuerpo

Ahora, cuando algo se dispara, me siento a la mesa de pino de la cocina, en casa, en Trinidad, con un termo de tereré con hierbabuena al lado del teclado, miro un rato el patio de piedra a través de la tela mosquitera de la ventana, y anoto en un cuaderno de tapas duras azules qué sentí y en qué momento exacto empezó, antes de escribir cualquier otra cosa.

Lo que sí ayuda cuando el zumbido vuelve

Lo que más me sirvió no fue tapar el sonido, sino bajar la alerta del cuerpo antes de que el síntoma se dispare: notar la tensión en la mandíbula por estrés con mi pareja, el hombro que se sube solo, la respiración que se acorta, y nombrarlo en voz alta en lugar de tragármelo entero. En ese proceso me crucé con el programa Elimina los Síntomas Físicos de la Ansiedad, y lo que rescato de ahí es justamente eso: trabaja la dimensión corporal antes que la mental, que era lo que yo necesitaba en ese momento. Hubo partes que no logré aplicar del todo, sobre todo las que pedían sentarme a escribir con calma cuando lo único que tenía ganas de hacer era gritar, pero la idea de leer el cuerpo como una alarma y no como un enemigo se me quedó.

Mujer junto a una ventana tocándose el cuello, señal física de ansiedad relacional y tensión acumulada

El oído no es el único lugar donde el cuerpo elige hablar. Para otras mujeres que me escriben es el estómago que se cierra por días después de una discusión, el pecho que se aprieta aunque respiren hondo, el cuello y los hombros que cargan tensión como si llevaran puesto un chaleco invisible, el corazón que se acelera de la nada en medio de una charla tensa, o ese despertar puntual de madrugada que ya reconocen de memoria. Ponerle nombre exacto a cada síntoma, en lugar de meterlos a todos bajo la palabra genérica "nervios", fue de las cosas que más me ayudó a tomarlos en serio y a cuidar mi bienestar emocional en medio de todo esto.

Hay mujeres que además descubren que ese patrón viene de más atrás que el matrimonio mismo, de algo que se repite desde mucho antes que su pareja actual, pero esa ya es otra historia, no la que puedo contarte hoy.

Una lectora de Luque, Macarena, me escribió hace un tiempo contando, sin pedirme consejo directamente, solo relatando, que a ella el cuerpo le hablaba distinto: se le cerraba el estómago después de los almuerzos familiares. Distinto síntoma, misma lógica: el cuerpo avisa antes de que una tenga las palabras para nombrar lo que pasa.

Si tu zumbido, o cualquier otro síntoma físico que no encuentra explicación médica, sube y baja según el clima de tu relación de pareja, ahí tenés la pista real que vale la pena seguir, más que en cualquier estudio auditivo. Encontré un punto de partida honesto en el material de Elimina los Síntomas Físicos de la Ansiedad, sobre todo para esos momentos en que el síntoma gana la partida. Pero este es mi camino, en mi casa, con mi cuerpo; si reconocés algo de esto en el tuyo, no dejes de hablar con un profesional de la salud mental que pueda acompañarte de verdad.

Tenga en cuenta: Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.

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